este viernes 30 de mayo a las 20:00 h pedronunezmar inaugura en marcablancasu proyecto desde donde un ejercicio de plegado y desplegado de papel. pedro presentará diversos ejercicios volumétricos de papel, arquitecturas y geometrías basadas en figuras que parten de la línea para esconderse en triángulos, cuadrados y estrellas que aparecen y desaparecen en las manos de pedro quien confiesa que «la geometría que conozco me la enseñó un fragmento cuadrado de papel». además de sus trabajos en papel, se mostrarán las colecciones de libros intervenidos, papel picado y volúmenes calados.
te esperamos a las 20:00 h ya al borde del verano, con una limonada. «texto –y sí, la sal. la sal de la vida, la sal que da sentido. pero también, la sal que petrifica. lo mismo que un palíndromo que se lee igual en los dos sentidos pero los sentidos son contrapuestos en su dirección. pensar que lo cóncavo es también convexo; el lleno, vacío; la luz, sombra. las piezas de la exposición que inauguró ayer el espacio nua dan cuenta del trabajo minucioso, prolijo, constante, fervoroso, delirante que lleva practicando desde hace años pedro núñez. las cosas le hablan a este hacedor. le susurran su matemática. hacen sus preguntas. no son preguntas de fácil respuesta, tienen pliegues y repliegues, flecos, neurosis, catarsis, pausas y contratiempos. toda obra es un autorretrato. pedro lo confesó ayer. no son inquisiciones superficiales las que esas cosas le señalan aunque las señalen –¿aunque?– con –¿en?– la superficie plana del papel. toda realidad es combate y se combate. toda realidad es prisión para lo que encierra y para lo que deja fuera. toda cosa con sus cosas tiene sus cosas. anverso y reverso. –cuando me canso, descanso–, dice pedro. (des)cansar. des(plegar). (des)decir. las preguntas apuntan a lo que no se responde. porque no se puede, porque no se sabe, porque no se algo. interrogan sobre eso que está con-tenido fuera y dentro del cotidiano insondable. ayer los papeles eran unos hermosos visillos manteniendo una charla informal con los visillos tras de las otras ventanas de barrio. –¿y qué vas a hacer hoy? – nada, pasear al parque. sentir el sol cruzar el enramado de los árboles. escuchar la música del aire que entra y que sale de los pulmones –la del espacio que nos respira– y la del peso que cae que es la de la gravedad que atrae. ayer los papeles eran floraciones de balcón, piedras del camino, agujeros entreverados como los de los jerseys de punto hechos a mano, guirnaldas festivas enseñando el paso hacia el camino santo, sombras chinescas efervescentes entre polvo y tiempo y temblor y orilla. juego y rito. an-verso y re-verso. ayer los papeles eran ayer, el abrazo que ampara, la ilusión de encuentro que encuentra, la batalla librada, la comunión solitaria. superficie de papel tendiendo su mano agujereada en un gesto donde el amor (necesidad y deseo) se soporta por el tendón, se tiene tentándose. un autorretrato nuestro. agujeros por donde el aire que inconscientemente movilizamos penetra para modificar su alrededor. ver el viento por las olas del mar. escuchar la música por la pausa entre las notas. sentir el universo por la brecha de sus pliegues. –papá, cuando lees, ¿qué lees? ¿lo blanco o lo negro? ayer se trataba de leer el blanco abrazado por el no-blanco. imaginar temblar la mano en el error asumido. avistar lo humano en el quiebre. descifrar lo divino en lo humano. piedra, papel y tijera. para el golpe sin aristas, para la (re)flexión del junco en la tormenta, para el (h)orar –de horadar, de oración–. y también había un despliegue del infinito en los planos cajones. contenedores de tiempo. de tiempo-espacio-materia. unas migajas para remontar la trayectoria de más de treinta años de buscar el modo de poder estar sin respuestas en una conversación. –no sabemos dar respuesta a la amistad sino practicándola en la mirada que se sabe incomprendida–. migajas para intentar volver a casa. migajas que tocan a la puerta de quién sabe quién, ni qué, ni por qué cuando son vistas no se sabe cómo. –¿para qué todo este tinglao? para mirar a los ojos del margen, de ese lugar que no es el plano sino el pliegue, la brecha, el corte. no hay más. a pedro le tiemblan las manos, pliega con teson y fineza y angustia y atención y contención. es feliz cuando el (sin)sentido lo encuentra con las manos agujereadas concentradas en el hacer mero. porque es la sal sí de la vida en un contra-dicho sentido.»