texas sunrise (2002) experimenta con el lenguaje cinematográfico no lineal provocando un discurso crítico en el que la confrontación entre sonido e imagen crea una obra tan sencilla y compleja como poética y política.
texas sunrise se presenta como una elegía al paisaje del sur-oeste norteamericano, un montaje de imágenes de ritmos cambiantes vertebrado por la palabra apasionada de un hombre invisible, del cual sólo sabremos, al final, que se nombra johnson frisco. su ligereza sobre la tierra convierte la obra en un road movie indirecto.
pero frisco es un anarquista deísta de izquierdas, un fantasma de las carreteras y de los trenes de mercanías. inspirándose en la devota actitud indígena hacia la tierra y su manejo respetuoso de los recursos naturales, denuncia la codicia, la propiedad, el dinero, y el miedoso conformismo de un pueblo americano que no posee más que la ilusión de libertad. antes de colaborar con la equivalencia que percibe entre burocracia, militarismo y fascismo, enuncia el no magnífico de la única libertad que queda. nos conmina a «no tomar nada de ellos… no darles nada… no contarles nada», a desaparecer de las pantallas del sistema. como lo ha hecho él, que algunos tacharían de pobre vagabundo, pero que vive como un rico porque vive en la independencia (la que perdieron los apaches cuando se acogieron a la ayuda estatal): la independencia de un «anarquista funcional».
evitando las grandes ciudades, la cámara de escartín viaja como lo hace frisco, contemplativamente, a veces deprisa, por un campo semi-civilizado regado de cadáveres de máquinas y cicatrizado por esfuerzos y empresas vanas. esta tierra herida no habla del espíritu pujante del pionero, más bien transmite una sensación de post-apocalipsis, de un fracaso del que la naturaleza se repondrá, de la basura como nuestro último y más auténtico monumento.
las imágenes post-apocalíticas de basura humana y belleza de la naturaleza sugieren la latencia de fuerzas más poderosas que la avaricia y destrucción.
barcelona, 1966. fotógrafo andante y poeta del cine, fundador del armadillo productions en nueva york, conservador de celuloides y fotografía en la selva tropical xiapaneca entre otras muchas cosas: él es, en todas sus encarnaciones, un observador del mundo con compromiso poético su biografía se podría medir en kilómetros, si tenemos en cuenta el sentimiento de un artista inquieto y curioso por descubrir lugares, personas y, lo que es más importante, a él mismo. no es casual que su primera exposición fotográfica tuviera como título «perpetual movement». cuando, por accidente, trabaja con jonas mekas, cambia la cámara de fotos por una cámara de vídeo, y cámara en mano, se dedica a viajar por desiertos, selvas y otros lugares desolados.